Ahora mismo, 1 de cada 30 personas tiene cáncer en nuestro país. Por eso es normal que conozcamos a más de una persona con la enfermedad. Vivimos en una cultura donde la principal fuente de apoyo es la familia, pero los amigos también ocupan un lugar muy importante. Cuando mi amigo tiene cáncer necesito saber cómo puedo ayudarle.

Mi amigo tiene cáncer: ¿Cómo le ayudo?

Mi amigo tiene cáncer: ¿cómo le ayudo?

Este escenario puede dar lugar a algunas dudas: «¿Debo hablarle del tema? ¿Es mejor evitarlo? ¿Cómo lo hago?«. La respuesta dependerá de muchos factores: del tipo de amistad que tengamos, de la edad, de si una situación similar ya se ha producido otras veces, etc.

El cáncer es una enfermedad que evoluciona por fases: diagnóstico, tratamiento y recuperación; a veces, recaída con nueva recuperación y, también a veces, final de vida y muerte. Cada una de estas fases conlleva sus reacciones, y las personas las afrontan de manera diferente.

Les necesidades de una persona con cáncer

Hay que estar atento a estas reacciones y recordar que, de entrada, todas se pueden considerar «normales» cuando mi amigo tiene cáncer. La rabia, la tristeza, la desesperanza, el miedo, la negación a aceptarlo e incluso la risa. Algunas personas necesitan tiempo para hacerse a la idea de lo que les está pasando, y la risa les ayuda a tomar distancia con la realidad mientras lo asumen. Además estas reacciones se pueden mezclar entre ellas, y pueden ser muy cambiantes.

Hablar del cáncer con los amigos

Considerar «normales» esas reacciones es fundamental para que mi amigo se sienta comprendido. Querer darle esperanza diciéndole que «todo irá bien» (cuando en realidad no lo sé) o que «tienes que ser fuerte para que tus hijos no se derrumben» puede hacer que piense que no le comprendo, o que estoy quitando importancia a su sufrimiento.

No olvidemos que el cáncer provoca cambios vitales, de prioridades y de rutinas importantes a la persona que lo padece y a su entorno. Si además le pido que reprima sus sentimientos para no mostrarse débil ante los demás, la carga que debe soportar le aumentará mucho. Por lo tanto, he de permitirle que experimente las emociones que le salgan de manera natural.

Ante la duda de qué puedo hacer para él/ella, lo más útil es preguntárselo. No dar nada por supuesto porque, como ya hemos dicho, los sentimientos y las prioridades cambian. Puede haber momentos en los que necesite que le acompañe al médico, que cuide a sus hijos o nietos mientras descansa, ir a pasear… o quedarse solo/a. Le puedo preguntar directamente si se quiere quedar solo/a, y que sepa que aceptaré cualquier respuesta. Si me pide que lo deje solo no significa que rechace mi compañía: es que en ese momento es la mejor manera que tengo de ayudarle.

Qué le puedo decir y qué no debería decirle

Tambié le puedo preguntar por los posibles temas de conversación. Tal vez necesita hablar del cáncer y su tratamiento y no sabe cómo hacerlo porque cada vez que lo intenta todo el mundo evita el tema. O al contrario: puede pasar que todo el mundo le pregunte por el cáncer y necesite hablar un rato de cualquier cosa que no tenga nada que ver. Al final, lo que más se agradece es la compañía.

En la mayoría de pacientes de cáncer la preocupación por la muerte, en menor o mayor medida, está presente. Al menos hasta que el oncólogo le dice que está seguro de que se va a curar. Es posible que en algún momento la persona quiera hablar de la muerte y que la mayoría de su entorno evite el tema. De nuevo conviene recordar la importancia de no desviar la atención, si esa es su preocupación en este momento.

También es recomendable intentar no comparar su situación con la de otra persona, tanto si se curó como si murió. Cada persona es única, y vive su cáncer de manera particular. Las comparaciones no son útiles: Cuando mi amigo tiene cáncer, lo vive a su manera.

Evidentemente también puedo expresarle mis miedos y mis dudas. Querer mantener la entereza para ayudarle no significa que la situación no me afecte. La sinceridad y la confianza también incluyen esto. Puedo llorar o puedo preguntar. Si pregunto desde la preocupación, y no desde la curiosidad morbosa, será bien acogido por su parte.

¿Le estoy ayudando a él/ella… o me estoy ayudando a mi mismo?

Todas las emociones tienen una finalidad. Cuando alguien me da una mala noticia, o llora delante de mí, yo me siento triste -es la empatía-. Y ésta es, precisamente, la finalidad de la tristeza: conmoverme y ofrecerle mi ayuda.

Mi amigo tiene cáncer: ¿Cómo le ayudo? - Psicología en Cáncer

Hasta cierto punto ayudaré a mi amigo porque, si él/ella deja de sentirse triste, yo también me sentiré mejor. No se trata de egoísmo: es que a nadie le gusta estar triste y la naturaleza ha procurado mecanismos para que nos ayudemos entre nosotros: Mi amigo tiene cáncer y yo quiero estar a su lado.

Pero si no pongo límites me puede pasar que quiera calmar su tristeza demasiado rápido, con fórmulas que, en realidad, sólo me ayudan a mí. Es lo que decíamos de quitar importancia al sufrimiento. Así, conviene intentar que la prioridad de calmarme a mí mismo no pase por delante de la atención y la comprensión que merece la otra persona.

El apoyo social se ha demostrado muchas veces como un aspecto clave para ayudar a pasar por la experiencia de un cáncer. La ayuda de los amigos se puede sumar a la de la familia y, cuando es necesario, a la de los profesionales de la Psicooncología.


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