Cuando en una familia hay una persona con una enfermedad crónica y grave (cáncer, Alzheimer, etc.), a menudo se necesita alguien que la cuide. Puede ser un/a profesional, o alguien de la misma familia. Esta última es la opción preferida por más gente, ya que permite ahorrar dinero y ganar proximidad, comodidad y confianza. Pero … ¿Quién cuida del cuidador o cuidadora?

Cuidar de la cuidadora

Cuidar de la cuidadora - Psicología en CáncerEl trabajo de cuidador/a puede ser muy gratificante, pero también es de los más duros que hay; se ejerce 24 horas al día y 7 días a la semana, sin compensación (más allá de la satisfacción de estar ayudando a un ser querido). A menudo existe la presión de preguntarse sobre la propia valía personal (“¿Lo estoy haciendo bien?“), O se ha de convivir con un profundo sentimiento de soledad. También puede aparecer fatiga, especialmente cuando hay que realizar esfuerzos físicos, como levantar a una persona. Todas estas son situaciones que, además, se suelen mantener durante mucho tiempo.

Con el contexto actual de crisis económica se añaden aún más dificultades. Los recortes en las ayudas a la dependencia agravan la situación de muchas cuidadoras que se ven obligadas a dejar de trabajar para poder quedarse en casa con el familiar que tiene la enfermedad, con lo cual se reducen los ingresos que entran en el hogar. Con todo ello la tarea del cuidador conlleva una gran carga psicológica y emocional, que es bueno aprender a manejar.

Una de las cosas que se pueden hacer es delegar responsabilidades: no todo lo tiene que hacer la misma persona cuando la unidad familiar es más amplia. En nuestra cultura la mayoría de cuidadoras son mujeres, pero eso no quiere decir que las actividades que realiza no las pueda desarrollar también un hombre, o repartirse entre todos los miembros de la familia.

Otras cosas que se pueden hacer son buscar momentos para la distracción: Coger un día a la semana “libre”, o un rato cada día, durante el cual se puedan hacer otras actividades como leer, ir a pasear, al cine, a cenar fuera, o tomar un café con alguien. Aparte de distraerse también permite mantener la vida social. El apoyo social se reconoce como una de las ayudas más importantes que se pueden tener. Igualmente se puede aprovechar alguno de estos momentos para hablar, precisamente, de la propia experiencia de cuidar a una persona, aunque si esto se hace siempre, dificulta la distracción: No se “desconecta”. Por eso es bueno combinarlos o con otras actividades que no tengan nada que ver.

También es importante aprender a perdonarse los propios errores o limitaciones, aceptar que no se puede llegar a todas partes. Y comprender que, en ocasiones, pueden haber momentos de tensión entre el cuidador y el enfermo: la situación de alguien con dependencia tampoco es fácil, ya que se pone en cuestión su autonomía personal y le obliga a admitir que otra persona entre en aspectos muy íntimos de su vida (la higiene, etc).

Algunos/as cuidadores/as pueden llegar a tener una carga tan grande que necesitan el apoyo psicológico de un profesional. En este caso es bueno consultar a los expertos, ya que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de la persona cuidadora, además de ofrecer un espacio donde expresar los sentimientos y emociones, y donde complementar el apoyo social que pueden ofrecer familiares y amistades. También existe la posibilidad de que algunas cuidadoras se encuentran entre ellas para compartir experiencias, hacerse compañía y darse consejos. Aprenden unas de otras.

En este vídeo de 4 minutos de duración hay un resumen del documental “Cuidadores”. Algunas de les frases que se oyen en él reflejan muy bien el día a día de los cuidadores y cuidadoras.

¿Y usted? ¿Está cuidando de otra persona, o ha tenido que hacerlo en el pasado? ¡Explíquelo con un comentario!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.