La cancerofobia es el miedo irracional y sostenido a tener un cáncer, o a que un tumor anterior se reproduzca. Nos hace tener ansiedad cuando debemos hacernos pruebas médicas, o nos hace buscar información de manera excesiva. La fobia al cáncer afecta negativamente el bienestar y la calidad de vida de quien la tiene. Hablamos de la cancerofobia y de cómo se puede manejar.

Qué es la cancerofobia
La cancerofobia es el miedo irracional a tener un cáncer, que se mantiene en el tiempo y con una gran intensidad. Irracional no significa que no haya motivo para tener miedo; significa que la misma persona admite que este miedo es exagerado -aunque esto no evita que lo tenga-. Este temor causa un malestar importante y un deterioro de las actividades de la vida diaria, en el campo personal, profesional o social. La cancerofobia la pueden tener tanto personas que nunca han sido diagnosticadas de cáncer, como personas que ya han tenido la enfermedad en el pasado y tienen miedo a una recaída.
El miedo es una emoción básica que hemos heredado de especies anteriores y que, en algunas situaciones, nos puede ayudar. Por ejemplo, si nos vemos rodeados de fuego, el miedo nos movilizará para que escapemos. O cuando tenemos un examen, la ansiedad hace que estudiemos más. Pero cuando el miedo es muy intenso o dura demasiado, deja de ser una ayuda y se convierte en un problema. Es lo que les pasa a algunas personas cuando se preocupan por si pueden tener cáncer u otra enfermedad grave.
La cancerofobia tiene semejanzas y diferencias con la hipocondría. La hipocondría aparece cuando sobredimensionamos una molestia o un síntoma, nos focalizamos en él, y creemos que va a peor. Es decir, lo que da miedo no es el síntoma en si, sino la enfermedad que pueda haber detrás. Pero en el caso de la cancerofobia el miedo se limita al cáncer.
Com veremos a continuación, la cancerofobia se suele manifestar de dos maneras distintas: en forma de evitación o en forma de obsesión.
La cancerofobia que se vive como evitación
Uno de los trastornos de ansiedad más habituales en la población son las fobias específicas. Las fobias específicas son miedos muy intensos ante objetos o situaciones concretas, que hacen que evitemos a toda costa estos objetos o situaciones, o bien que los soportemos con una gran ansiedad si no tenemos más remedio. Cuando nos encontramos ante lo que nos da miedo, intentamos huir corriendo. Es lo que ocurre con la acrofobia (miedo a las alturas) o con la claustrofobia (miedo a los espacios cerrados). Por eso un elemento clave de las fobias es la evitación.

Las personas que tienen cancerofobia y la viven como evitación, se niegan a ir al médico por temor a que les dé una mala noticia. Prefieren vivir con la duda antes que enfrentarse a un diagnóstico. Pero al mismo tiempo admiten que vivir con la duda no les resuelve la ansiedad. Es decir, no van al médico por miedo, pero el hecho de no ir tampoco les quita ese miedo.
Estas personas también pueden rechazar participar en conversaciones sobre el cáncer, así como evitar el contacto con pacientes oncológicos, por miedo al contagio. En realidad el cáncer no se contagia, pero piensan que estar cerca de alguien que tiene la enfermedad aumenta el riesgo de que también la desarrollen. También suelen hacer un seguimiento extremo de las medidas de prevención: hacer una dieta excesivamente rígida, alejarse de los hospitales, evitar toda exposición al sol, etc.
La cancerofobia que se vive como obsesión
En cierto modo esta forma es la contraria a la que se vive como evitación. El miedo al cáncer se experimenta con la búsqueda obsesiva de información. Obsesiva significa que la búsqueda de información ocupa una gran cantidad de tiempo, con sensación de perder el control: no podemos dejar de buscar. Es lo que ocurre a las personas que están horas buscando síntomas en internet, estudiando los resultados de sus analíticas, o consultando muchos médicos diferentes. Están tan convencidas de que tienen cáncer, que no se creen las pruebas (o los expertos) que les dicen lo contrario. Pero, como en el caso anterior, la búsqueda obsesiva de información tampoco les calma el miedo.
¿Por qué ocurre esto? La ansiedad es una trampa del cerebro. Cuando algo nos preocupa mucho, nuestro pensamiento se focaliza en ello. Sólo vemos aquello, y sólo prestamos atención a la información que nos lo confirma. Aunque tengamos evidencias objetivas que dicen que no tenemos cáncer, desviamos la mirada y seguimos buscando, porque necesitamos confirmarnos a nosotros mismos de que «tenemos razón«.
Lo que pasa es que los contenidos de internet no siempre son fiables, y los usuarios cada vez utilizan más la red para buscar información sobre la salud. Internet es un espacio abierto, en que todo el mundo puede escribir lo que quiera. Y algunos de estos contenidos son erróneos o, a veces, incluso, malintencionados. Cuando una persona con cancerofobia lee un «testimonio» de alguien que tenía un síntoma parecido y que resultó ser un cáncer, puede cometer el error de tomarlo como un prueba de diagnóstico. Aunque, en realidad, sean situaciones distintas.
La mejor fuente de información sobre la salud, las enfermedades y las pruebas diagnósticas son los profesionales de la salud.
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Cómo podemos reducir esta ansiedad
La ansiedad, además de manifestarse en forma de preocupación psicológica, puede desembocar en síntomas físicos como palpitaciones, sensación de ahogo, tensión muscular, dolor de cabeza, náuseas o insomnio. Incluso algunas personas atribuyen estos síntomas a un posible cáncer, sin saber que son fruto de su propia ansiedad. Pero el impacto que tienen sobre la salud, el bienestar y la calidad de vida, justifican que intentemos remediarlo.
Lo primero que se puede preguntar a ella misma la persona que tiene un miedo muy intenso a tener cáncer es: «Lo que estoy haciendo para calmar este miedo, ¿me ayuda, o hace que tenga todavía más?«. Si preguntar al médico, o buscar información calma el miedo, o bien se hace pruebas y los resultados son normales, y la persona se tranquiliza, probablemente no será necesario hacer nada más. Como decíamos al principio, una ansiedad leve puede ayudar a mantener un estilo de vida saludable que ayude a prevenir el cáncer.

Pero si la ansiedad continúa, hay otras cosas que se pueden hacer:
- Relativizar el riesgo de tener cáncer: La probabilidad de tenerlo nunca es del 0% ni del 100%.
- Relativizar los cambios en el estilo de vida: El estilo de vida saludable puede reducir el resgo de tener cáncer, pero no lo elimina del todo. Las ventajas de un estilo de vida excesivamente rígido no compensan las dificultades de mantenerlo. Hacer una vida «en general, sana» ya reduce el riesgo.
- Buscar información útil y de fuentes fiables: El médico es quien mejor nos puede indicar dónde encontrar información de calidad.
- Hacerse un chequeo médico regular (por ejemplo, un chequeo al año).
Cuando conviene consultar a un profesional de la Psicología
Es una buena idea consultar a un psicólogo cuando la persona ve que, con todo lo que hace, la preocupación no desaparece. O bien cuando esta preocupación se vive con un gran malestar del que no sabe cómo salir. También cuando por culpa del miedo comienza a tener problemas en el trabajo o con la familia, o reduce sus actividades.
La cancerofobia es un problema y hay que darle la importancia que tiene para quien la sufre. Que este miedo se considere exagerado por la propia persona, no significa que no necesite una solución.
Si quieres hacer alguna pregunta o comentario, te responderé personalmente. Ten en cuenta que a través de los comentarios NO se puede proveer ayuda psicológica personal. Si necesitas esta ayuda, ponte en contacto conmigo de forma privada. ¡Muchas gracias por leer y compartir el artículo!




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