Hoy, 4 de Febrero, se celebra el Día Mundial del Cáncer. Es una buena oportunidad para echar un vistazo a los cambios que ha habido a lo largo del tiempo en la relación histórica entre cáncer y estigma.

La relación entre cáncer y estigma

Cáncer y estigma - Psicología en CáncerEl cáncer es una enfermedad que ha existido siempre, incluso en la pre-historia. Aunque parezca exclusiva de los tiempos modernos, su origen está en un fenómeno que ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia: la reproducción descontrolada de unas células cuyos genes se han visto alterados. Pero en las últimas décadas ha vivido un fuerte aumento en gran medida debido a cambios en el estilo de vida y por el alargamiento de la esperanza de vida.

Hasta el siglo XIX cuando a una persona se le diagnosticaba cáncer, su muerte era casi inevitable. Esto hacía que cuando recibía el diagnóstico sintiera que los demás le rechazarían por miedo al contagio (ahora sabemos que el cáncer NO se puede transmitir como una enfermedad infecciosa) o que poca gente estaría dispuesta a hablar con alguien a quién le queda poco tiempo de vida; otro mito hoy desmentido.

Además la palabra “cáncer” está marcada: cuando la oímos nos estremecemos porque la relacionamos con algo indeseable y dañino. Por eso se empezaron a utilizar palabras para evitar el término “cáncer”, muchas de las cuales todavía se usan: bulto, cosa, mal, etc. En catalán se usa la expresión mal lleig.

A partir del s. XIX, con los rápidos avances en Medicina, empezaron los tratamientos contra el cáncer: la cirugía y, ya en el siglo XX la quimioterapia y la radioterapia. Vimos como cada vez más personas se curaban. Otro aspecto clave en la disminución del estigma fué la aparición pública de personas famosas diciendo “tengo cáncer”:  Olivia Newton-John, Josep Carreras, y muchos más.

La curación provocó un aumento de la demanda social de investigación científica y de apoyo integral a las personas que tenían la enfermedad y a sus familias. Pero también rompió parcialmente la relación entre cáncer y muerte: en la actualidad, el 55%-60% de personas con cáncer -de media- se curan. En algunos tipos de cáncer y según el momento en que se detecta este porcentaje se acerca al 100%.

También mejora la calidad de vida, que permite que algunas personas con la enfermedad y en pleno tratamiento puedan seguir con algunas de sus actividades habituales. Aumenta el arsenal terapéutico para hacer frente a los efectos secundarios de la terapia y la atención a las personas afectadas y a sus familias es cada vez más integral, incorporando profesionales de la psicología y el trabajo social.

Lo que decíamos unas líneas más arriba sobre el uso de eufemismos para referirnos al cáncer contrasta con otro fenómeno: el de llamar “cáncer” a cosas que no lo son: a menudo oímos expresiones como “El terrorismo es el cáncer de la sociedad” o “La corrupción es el cáncer de la política“. Son usos inadecuados. El cáncer es una enfermedad, y las personas que lo tienen sufren mucho. No resulta nada agradable para muchos de ellos ver que se compara esta enfermedad que ha trastornado toda su vida con el terrorismo o con la corrupción política. Llamar las cosas por su nombre también ayuda a eliminar el estigma.

Todavía queda camino por recorrer en el objetivo de eliminar la relación entre cáncer y estigma, pero con la aparición pública de las personas que lo sufren (sean conocidas o no) y con el aumento de aquellas que se curan, cada vez estamos más cerca. ¡Y lo lograremos!

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